El relato de una soledad elegida

Estoy conquistando el derecho a desaparecer cada vez que lo necesite.

En octubre de 2024 emprendí un retiro a una cabaña en los Valles Pasiegos. Mi intención era, principalmente, aislarme del ruido de un año demasiado intenso incluso para mí. También me rondaba la idea de recopilar los escritos que guardo en mi ordenador desde hace muchos años, desde que entendí que escribir era también mi modo de contarme. Antes de llegar a mi destino ya sabía que lo que tenía que contar era otra historia. Que en esa cabaña iba a narrarme, iba a soltar las palabras que me brotaban sin filtro.

Tuve que hacer dos viajes a esa misma cabaña para entender el sentido de todo esto.

Fue a la vuelta, con todas las notas tomadas en esos viajes, con cientos de notas adhesivas de “Alicia en el país de las maravillas” con frases e ideas, con hojas y hojas escritas en el portátil… cuando entendí lo que había pasado.

Cambié el título que tenía pensado.
Ordené el caos.

Y nació este libro.
No es un libro de fotografía. 
Esta vez las “fotos” son palabras.

“Yo sentía que este libro se tenía que escribir en el norte. Que mis letras tenían que ordenarse y ver la luz justo aquí. Ya me imagino brotando, desdibujándome y convirtiéndome en garabato. Todo a la vez y en el lugar elegido. Y eso me hace cosquillas en la espalda.”

Soy una mujer normal haciendo cosas normales que nos parecen extraordinarias.

Al finalizar el segundo retiro a esa cabaña de los Valles Pasiegos, escribía esto:

No quiero dejarme nada por oler, nada por saborear, nada por sentir.
El último día de cada uno de mis viajes siento urgencia. Me asalta el miedo a no haber aprovechado el tiempo al máximo. Hago más fotos, miro con más intensidad, tratando de recuperar el posible tiempo perdido. ¿Habré aprendido algo en esta aventura? Ojalá estos viajes a la cabaña me hayan enseñado a sosegar la ansiedad por abarcarlo todo.

Suelto un suspiro y me sacudo la culpa.
Como cada mañana, lo primero que hago es escribir en mi diario. En ese instante tan íntimo, me he dado cuenta de que también estoy ante la cuenta atrás para que este libro vea la luz. ¿Podría decir, entonces, que he conseguido escribir un libro?

Ahora puedo responderme a esta pregunta.
Lo he escrito.
Lo he autopublicado.
El libro es un hecho.
Y tú puedes leerlo.

Madre mira a su bebé recién nacido

“Antes de este viaje añoraba más y valoraba menos.

Antes de emprender este viaje sentía el peso de todo lo que estaba por hacer.

Antes de este viaje mi ritmo vital se medía por la cantidad de lo que producía.

Mi mapa era mi agenda.
Mi guía, los horarios.

La distribución del tiempo, mi gran obsesión.”

El libro te cuela en los Valles Pasiegos,
en el proceso de escritura,
en el acto de reconocerse.
Y en estos momentos tan íntimos
que comparto contigo mientras tomamos
café o vemos la niebla
descender por el valle.