Cuando casi no llegaba a la mesa del comedor sin ponerme de puntillas, yo ya me había inventado una hermana, que comía con el resto de la familia, ¡y cuidado con olvidarse de poner su plato! … más adelante gané un concurso de literatura, con un relato que daba voz a un lapicero. Pasé varios años sin poder hacer gimnasia por un tema de salud y aprendí a hacer el pino puente a escondidas en mi habitación. Me hago mayor y lo asumo con cierto temor mientras me observo en el espejo del baño, desnuda, sin pudor. Si se asoma una lágrima fruto de mi inseguridad me pongo música, y si me provocas, te bailo descalza en mitad de la calle. Cocinar para mí es un chiste, ábreme una cerveza bien fresquita e improvisemos un aperitivo, da igual la hora, pero hoy, que mañana será tarde. Porque de noche, mientras los demás dormís, quizá yo esté peleándome con el insomnio y esté inventándome sesiones de fotos o programando una aventura. Recuerdo una noche en la que se me coló África en los sueños. Años después, se colaba en mi maleta y en mi vida. Y sigue, como siguen las cartas que me escribía aquel rumano medio ciego que me llamaba su “principesa”. Quise creérmelo, como sigo creyéndome todos los cuentos, los de final feliz que me hacen reír a carcajadas y los que me dejan los ojos rojos de tanto llorar. Es mi decisión, es como quiero vivir y vivirme. Desde la verdad, desde lo espontáneo, lo que fluye. Traté de controlar los tiempos y me caí. Traté de forzar el argumento y me desilusioné. Caigo y me levanto las veces que haga falta. Cuando eso ocurre, me despeino y me meto en los charcos. Veo crecer a mi hijo con una sonrisa de orgullo, y cierto temor, no lo niego. Se me escapa de las manos, lentamente, a su ritmo, libre, como su madre.

Escribo esto frente a una ventana con vistas a la montaña. Con unos nervios más parecidos a los de una primera cita que a los de los exámenes. Escribo sin pensar, dejando que las palabras fluyan. Recuerdo momentos divertidos, episodios duros, cambios, dudas, nuevos proyectos, aventuras en marcha, impulsos …. lo visualizo como un caótico puzzle, y sonrío. Esa soy yo, un puzzle de emociones, comportamientos, sentimientos … una mujer que convive con muchas mujeres que la completan y la sitúan en el mundo.

Siete mujeres. Esperando a que mañana sean descubiertas. Yo ya las conozco. Hemos pasado grandes ratos juntas. Algunos muy duros, pero el conjunto es positivo. Dar forma a esas siete mujeres a través de la fotografía ha sido como pintar un cuadro. Y ahora, os lo quiero mostrar.

Hasta mañana …